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Introducción
El Plan Director 2005-2008 desarrolla el medio ambiente como una doble prioridad: horizontal y sectorial. El enfoque horizontal contempla mecanismos que permiten incorporar la temática ambiental como eje transversal en todos los programas y proyectos de cooperación. Esta visión del medio ambiente implica trabajar simultáneamente tres áreas: ambiental, social y económica, así como la necesidad de conservar la integridad y funcionalidad de los ecosistemas que proveen múltiples bienes y servicios ambientales a las poblaciones beneficiarias.
Centroamérica es una de las zonas del planeta con mayor diversidad biológica: a pesar de suponer sólo el 0.5% de las tierras emergidas, contiene entre el 7 y el 10% de la biodiversidad mundial. Esta gran diversidad, resultado de una combinación de factores que sólo se produce en esta zona, es la mejor garantía para resistir y adaptarse a los cambios de origen natural o humano a los que se ven sometidos los ecosistemas. A pesar de ello, y del elevado número de áreas protegidas existentes en Centroamérica, los escasos recursos destinados a este fin han obligado a realizar manejos conjuntos con organizaciones privadas, y a tratar de manera fragmentada una cuestión que transciende más allá de fronteras y normativas nacionales.
Centroamérica es también una región con abundantes recursos hídricos y altas precipitaciones con distribución espacial y estacional muy desigual. El 40% de la región son cuencas hidrográficas compartidas entre países, haciéndose patente la necesidad de definir una visión regional de los recursos hídricos y de crear mecanismos de gestión que reflejen esta realidad transfronteriza. Existe por otro lado una gran diferencia, en lo que a acceso al agua se refiere, entre los distintos países y entre los núcleos urbanos y rurales. En las últimas décadas, el porcentaje de personas que disponen de agua potable se ha reducido, no sólo por el aumento de la población sino por la contaminación de acuíferos, la deforestación y la degradación de las fuentes, entre otras causas.
Los bosques son un factor clave en el mantenimiento de la biodiversidad, la regulación del ciclo del agua, la disminución de la erosión, la prevención de desastres naturales, la captura de carbono, la alimentación o la construcción. A pesar de los casi 20 millones de hectáreas de superficie boscosa en Centroamérica, existe una creciente tendencia a transformar el bosque en áreas agrícolas o pastizales, provocando la inadecuada gestión de los recursos forestales que son uno de los mejores activos para el desarrollo de la región. La falta de políticas de ordenación territorial y de alternativas económicas a la tala de árboles para provisión de energía y para conseguir áreas de cultivo, son unos de los principales retos de la región.
El crecimiento de las áreas urbanas ha transformado los paisajes y ha creado necesidades para las que la región no estaba suficientemente preparada. La reducida red de alcantarillado convive con la necesidad de tratamiento de las aguas residuales que la concentración de habitantes genera. Como resultado, contaminación de acuíferos, cuencas y aguas superficiales. El tratamiento de residuos sólidos urbanos, tanto de hogares como de industrias, es otro de los retos para las casi cinco mil toneladas métricas de basuras que producen diariamente las capitales centroamericanas.
El deterioro medioambiental en el que se ha visto sumida Centroamérica en los últimos años afecta de manera más dramática a la población más pobre, ya que es precisamente ésta la que depende más de la naturaleza para cubrir sus necesidades, y la que menos oportunidades tiene para adaptarse ante un cambio en el sistema socioeconómico. La formación, la creación de capacidades y la valoración económica de los servicios ambientales generados en la región, son básicos para romper esta cadena entre degradación medioambiental y pobreza, para buscar alternativas al actual modelo de desarrollo.
En este contexto se integra la línea de desarrollo sostenible y gestión ambiental de recursos naturales, por la que se entiende que sólo utilizando de manera sostenible el capital natural de la región, lograremos garantizar el desarrollo de las generaciones futuras. Dentro de este marco trabaja desde 1998 el programa Araucaria que, tras un proceso participativo de revisión y reforma ha comenzado en 2006 una nueva fase: Araucaria XXI. Las nuevas áreas de actuación del programa han sido consensuadas con distintos actores de la cooperación española y con la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), convirtiéndose en una visión compartida sobre la sostenibilidad ambiental y sobre la conservación para el desarrollo en América Latina. De este modo, las componentes expresadas en esta línea resultan de la continuación y el reforzamiento del trabajo conjunto con la CCAD ya comenzado por Araucaria XXI.
Es importante destacar la triple relación que plantea Araucaria XXI entre los capitales económico, social y natural para afrontar los desafíos de la región expuestos anteriormente. Por tanto dentro del Programa de Cooperación Regional con Centroamérica son claras las sinergias existentes entre esta línea de desarrollo sostenible y gestión de los recursos naturales, y las líneas de gobernabilidad, de fortalecimiento de los sectores productivos y, sobre todo, con la de prevención de desastres y reducción de la vulnerabilidad ecológica.
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